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La fiesta de los toros en el Ecuador
Cinco siglos de historia

La fiesta de los toros es uno de los elementos más importantes de la cultura del Ecuador, La Corporación Ecuatoriana de Criadores de Ganado de Lidia, en las siguientes líneas presenta citas textuales de diversas publicaciones que en el tiempo han informado sobre el desarrollo del espectáculo taurino y que hoy, al revisarlas nos permiten construir una imagen social, política, económica y cultural de nuestros pueblos, campos y ciudades.

Orígenes y evolución

Las corridas de toros llegaron a lo que ahora es nuestro país por manos españolas y continúan siendo tradicional e importante expresión costumbrista. Quito, fue fundada en el año 1534, y según el historiador Juan de Velasco “con más de mil novecientos años de existencia” quiere decir “tierra, país, nación o geografía del centro o de la mitad” y empieza a celebrar corridas de toros a los treinta y nueve años de fundada (s.e.u.o.)

El 10 de mayo de 1573 el Cabildo de Quito tiene “acalorada sesión defendiendo las fiestas de Pascuas de Pentecostés y resolviendo que estando mandado JUGAR Y CORRER TOROS y que se regocije la ciudad y que ahora se ha impedido hacer lo susodicho, se ordena y se advierte el castigo a quien no asista a las caretas,  TOROS y luminarias…”
(R. Descalzi, La Real Audiencia de Quito, Claustro en los Andes)

En el año de 1574, mes de mayo, para esplendidez en la observancia de “usos y costumbres establecidas con beneplácito de Su Majestad , como sacar el Pendón Real la víspera y el día de la Pascua del Espíritu Santo, se convino para dar esplendidez a estas celebraciones, se realicen juegos de cañas y FIESTAS DE TOROS, las que tendrían lugar como siempre en la Plaza Mayor – conocida como Plaza Grande donde se armarían los palcos y los tendidos”.
(R. Descalzi, La Real Audiencia de Quito, Claustro en los Andes)

En el año de 1592 ocurre la Revolución de la Alcabalas. Oposición tenaz del pueblo de Quito al cobro de un impuesto y a la tesis de que “todo lo que tenemos es del Rey, nuestro señor, quien nos hace un beneficio al cobrarnos las alcabalas….”  El 30 de septiembre de ese año, dos días después de acontecimientos sangrientos, la ciudad festejaba a su flamante patrono San Jerónimo, como si nada agitara el ambiente. Se jugaron cañas y hubo CORRIDAS DE TOROS y el pueblo se divirtió confiando que el asunto de las alcabalas tendría solución aceptable”.
(R. Descalzi, La Real Audiencia de Quito, Claustro en los Andes)

La fiesta hecha raíces

Desde aquel 1592 continuaron las celebraciones taurinas y doscientos treinta y un años mas tarde, en 1823, por el primer aniversario de la independencia, por la batalla de Pichincha de 1822, se dio la primera corrida de toros sin participación de españoles; lo que demuestra que la fiesta pasó a poder de los quiteños y continuaba en manos criollas para desarrollarse por sus propios medios. Argumento suficiente para comprender que se constituyó en la fiesta nacional ecuatoriana y lo será para siempre”.
(Jorge Ribadeneira, Tiempo Idos)

En el año 1898 celebra Quito su primera corrida e toros, similar a las de hogaño. Se exceptúa la suerte de varas debido a la inexistencia suficiente en raza o casta brava en los toros de lidia. En dicha corrida los toros fueron del El Pedregal, ganadería del Señor Santiago Velasco, situada en Machachi, los toreros: Manuel Pomares, “Troni”, nacido en San Lucas de Barrameda, Cádiz, que empezó en 1894 despertando algún interés en Sevilla y marchando a América para torear en México, Lima y Quito. No volvió a España. Con Pomares se presentó Manuel Vera Reina, “Mazzantinito”, novillero que figuró en los carteles de Sevilla en el año 1888.

Las plazas de toros de Quito

Como invariablemente sucedió con las ciudades iberoamericanas que adoptaron a la fiesta de los toros, en Quito la Plaza Mayor de la ciudad fue la primera “plaza de toros” no construida para el efecto pero convenientemente adecuada, de acuerdo a la importancia de la festividad a conmemorarse, su utilización abarcó la época colonial y los primeros tiempos de la independencia. El auge de estos espectáculos determinaron la celebración de largas fiestas, de tres hasta diez días, en ese y otros lugares de la ciudad antes de la construcción de las primeras plazas de toros.

Un ejemplo de ello, lo ocurrido en 1664 debido al nacimiento del Príncipe Carlos José en España “el cabildo de Quito dispuso que de sus gastos propios se hiciesen tres días de fiesta. Los encomenderos vecinos de Quito y los regidores, jugaron cañas y alcancías durante los tres días de toros; hubo iluminación general, ruedas de fuego, cohetes…” Las plazas más utilizadas fueron la de Santo Domingo (1688) San Francisco (1867)

De 1670 a 1672 “El Presidente de la real audiencia de Quito, Don Diego del Corro Carrascal, fue el mejor taurino de todos los tiempos, durante los dos años de su gobierno dispuso que deberían darse dos corridas semanales: los jueves en la Plaza Mayor y los sábados en la Plaza de las Carnicerías”

La primera plaza

En medio de una serie de datos a momentos cruzados y confusos, logramos encontrar una referencia clara que nos da luces sobre la edificación de la primera plaza de toros de la ciudad de Quito:

“Se podría decir –sin titubear- que nuestra primera plaza formal de toros estuvo en la actual Plaza del Teatro y que la construyó el Presidente Juan José Villalengua y Marfil”.

Fanático por las plantas y flores, también de los toros, arregló el paseo de la Alameda y como necesitaba ingresos para conservar ese arreglo, se le ocurrió la idea de cobrar por el ingreso a los espectáculos taurinos. Construyó primero la Casa del Matadero en el actual local del Teatro Sucre, aplanó la plazuela, facilitando la labor de los diestros y mandó construir pretiles en el contorno para que la plebe concurra a dicha diversión, se acoja en ellos y no experimente avería. La entrada para el pueblo era gratuita. Encima de la Casa de la Carnicería levantó una costosa galería para espectadores pudientes.

Plaza del el Ejido Norte

“En 1900 la afición taurina estuvo de plácemes. En el mes de junio se construyó una plaza de toros –no dice su capacidad- en la quinta de la Señora Doña Alegría Donoso, en el llamado Ejido Norte”
(Claudio Mena Villamar, Ecuador a Comienzos del Siglo)

En ese escenario se presentó Manuel Pomares “Troni” el   15 de julio con seis toros de Guaytacama “de buenas libras y mucha viveza”. “La corrida se inició a las cuatro de la tarde. Troni vestia de azul celeste y oro, Mazzantinito de morado y oro. Completaban la cuadrilla  Palito, Petete y Cuatrodedos. Troni saludó con un recorte gracioso y los banderilleros lo adornaron con tres pares de rehiletes. Después capotazos de toda la cuadrilla regreso al chiquero. El tercer toro fue de muerte, Troni, con los avíos de matar lo despachó y escuchó atronador aplauso. Después de un intermedio de 15 minutos se torearon los tres toros restantes y termino la corrida con un toro para el pueblo”.

En la corrida del domingo 22 se presentaron otras suertes del toreo. El salto a la garrocha ejecutado por Mazzantinito. Troni mató a los dos toros mas bravos con un mete-saca. En el domingo siguiente se realizaron las suertes de banderillas en silleta, quiebros a cuerpo limpio, toreo al alimón  -o entre dos- y el salto a la garrocha”.

Plaza de la ciudadela Larrea

“El plano de Higley hecho en 1903 revela con total claridad la presencia de nuestra segunda plaza de toros en el sector de la Ciudadela Larrea, fenómeno en el cual llevamos dos comprensibles siglos de atraso con respecto a las plazas españolas” “Esta plaza estuvo por las actuales calles Checa y Manuel Larrea”.

La plaza de Guangacalle

 “En la calle Chili, hoy avenida Gran Colombia, sector del teatro Cápitol, se construyó, hacia 1906, la plaza de toros conocida con el nombre de esa zona Guagacalle. Funcionó algo más de diez años. Propietario fue el Señor Lorenzo Gortaire. Dividida en dos tendidos o graderíos, Sombra y Sol. Precio “normal” Sombra un sucre con 50 centavos; Sol, un sucre.”

“Por 1906 fueron los primeros en presentarse Chiclanero, posiblemente español, más no el famoso Chiclenero, José Redondo y Domínguez, muerto en 1853, y, Valentín de nombre Antonio Olmedo, matador de buen cartel, nacido en la localidad sevillana de Alcalá del Río  y alternativado por Luis Mazzantini; confirmó su doctorado en Madrid con Antonio Fuentes , figura del toreo aquel entonces. Al Poco tiempo vino a América permaneciendo varios años por México, Perú, Ecuador… El mismo año se presentaron Toribio Bravo, “Bravito”, español, debuto en Carabanchel, Madrid, y, mas adelante Francisco García, “Gaviria de Valladolid, quien después de torear en capeas y pueblos de la zona vino a América., y también Ramon Bosch.

La primera temporada

Inauguración de la temporada, día 6 de agosto de 1911. Manuel Hermosilla, nada importante, despachó al primero de la tarde de pinchazo y caída. José Casanave, “Morenito de Valencia” hizo un gran quite al banderillero Badillo caído en la cara del toro. Buena faena con la muleta, matando de una atravesada y un estocada en lo alto. Antonio Padilla, deslucido en los dos tercios (capote y muleta). Mató de tres pinchazos y estocada baja. Un aviso. José Mendez “Lavi” muy bien con capote y muleta, al cuarto toro despachó de dos pinchazos en lo alto y estocada baja. “Los banderilleros, ni en embrión”.

Crítica al empresario Lorenzo Gortaire por presentar a cuatro matadores en un solo cartel. Pudo hacerlo en tres fechas distintas. Los toros fueron seis de Antisana “bravíos y con buenas herramientas” (pitones). Reducida asistencia, un tercio de plaza, porque “alegando un crecido presupuesto, los precios alcanzaron una altura colosal, siendo la causa del retraimiento de los aficionados”. (Revista Sol y Sombra. Número 813, Madrid 26 de Octubre de 1911)

“Suspendida por dos semanas la segunda corrida a causa de los graves trastornos políticos”  el 27 de agosto se celebró el evento taurino.
“Morenito de Valencia y Antonio Padilla actuaron los matadores y palitroqueros Francisco Soller, nuevo en esta plaza, Quiteño y Marinero (también nacional)
Los matadores estuvieron bien, sobresaliendo Morenito aplaudido toda la tarde, de los banderilleros se distinguió Soller por su serenidad, conocimientos y acertada labor como peón. El ganado de Antisana resultó superior “muy bien presentado y con hechuras de valientes”.
La entrada floja y el público exaltado por los falsos rumores que circulaban “de una reacción de los destronados”.

El 3 de septiembre se programó la tercera corrida: “beneficio de los matadores. Algo mas tranquilos y en busca solaz para olvidar los sinsabores de una revuelta, henos en la tercera corrida”. (Renuncia y muerte de Alfaro) Los mismos diestros (Morenito de Valencia y Antonio Padilla) y ganado de igual procedencia (Antisana) y “regular concurrencia”. El ganado menos bravo y de menos presencia, fue aceptable, “salvo el quinto que lo sustituyeron por manso, y el sexto, que era mas adecuado para armazón de un pirotécnico, que para toro de lidia.
Morenito de Valencia, trabajó incansable toda la tarde”. “Toreó con formalidad y consintiéndoles. Primero y tercero doblaron con una estocada cada uno. (Obsequios de los brindados). Antonio Padilla “muy inquieto y con tendencia de atolondramiento. Toreó despegado con alivio, al segundo mató de una baja, y al cuarto, de una estocada bien puesta. Banderillando Soller,  bregando éste y nadie más.”
(Crónicas de A. G. Egüez)

“Durante muchos años los dueños de las diez casas de la plazuela de la Carnicerías fueron los privilegiados para ver las corridas. La plaza tenía cuatro lados de forma un tanto irregular. Cinco casas en el lado norte y parte oriental, otra en el extremo oriental, lindando con el sur; en el lado sur la Casa de la Carnicería, en el lado occidental tres casas que daban a la actual calle Guayaquil, entre Manabí y Esmeraldas, y, una más al sur, pasando por la esquina”.

La plaza Belmonte

Ubicada en la calle Antepara, Barrio San Blás es una de la plazas con mayor tradición en la ciudad. Construida por el señor Abel Guarderas en el año de 1919, abrió sus puertas al publico en el año 1919, con cerca de 3000 asientos, incluidos dos palcos bajos. Por el tipo de construcción puede decirse que fue la primera plaza “en serio” levantada en Quito. No tenía callejón y los antepechos de los tendidos eran de piedra que servia a la vez de cimiento. La cubierta era de teja.

Para aquel 1919 Don Abel contrató a los españoles Francisco Bonar, “Bonarillo” y a “Morenito” (se desconoce su nombre) Bonarillo aprendió a torear en Lima, donde residía su padre, el muy famoso Francisco Bonar y Casado, el original “Bonarillo”, sevillano. Alternaron padre e hijo en Barcelona en 1913, con Limeño y reses de Veragua y Santa Coloma.. Para 1918 su buen cartel había decaído, en tal oportunidad el público conoció “bien” a Maximiliano Espinosa, “Marinero” a quien diera la alternativa de matador de toros, nada menos que Ignacio Sánchez Mejías.

Inauguración por todo lo alto
El papa Negro

Fue el 19 de agosto de 1920 con la presencia de Manuel Mejías Rapela, El Papa Negro, cabeza de la dinastía Bienvenida, una de las más importantes figuras del mundo., con él estuvo José Rodríguez Báez “Litri”. Las cuadrillas encabezaban Joaquín Pérez, “Pechuga” español y Juan Elguedo, colombiano..

El mal juego del ganado desató el disgusto del público, tanto que inaceptable, pero cierto, numerosas botellas fueron lanzadas al ruedo.

Los días 13 y 19 de septiembre Bienvenida toreó de nuevo en la plaza Belmonte con notable éxito.

Manuel Mejías Rapela, Bienvenida, El Papa Negro, fue la primera figura del toreo que pisó un ruedo quiteño.

Rafael Gómez “El Gallo” 1929

La inusitada expectación que produjo su anuncio no se justificó. Su última actuación ocurrió el domingo 15 de diciembre. Se calificó de “desastre taurino.”
Rafael Gómez “El Gallo”, dos toros vivos. Pascual González, “Almanseño” una oreja. No se informa en que toro. Y Max Espinosa, “Marinero” gran faena en el sexto “con la espada inútil”. El “ganado huído, pésimo” fue de Antisana.
Gran asistencia de decepcionados y “uno que otro átomo de ladrillo sobre la calva de “El Gallo”.

Como promoción para la corrida del 15 de diciembre de 1929, despedida de El Gallo, en el cine Popular de esta ciudad se anunciaba que “sin temor a la espantada” (de El Gallo, era obvio) una gran corrida de toros en Madrid, con El Gallo y Juan Belmonte, con asistencia de SS.MM. los Reyes de España, y, la película El Boxeador de Búster Keat. Luneta 0,45 – Galería 0,15 ctvs.

El día 1 de diciembre las mismas películas en función de matinés en las salas Variedades y Puerta del Sol (Diario el Día, de Quito)

La plaza Las Arenas

Por temor a la lluvia la bendición de la nueva plaza se inicio a las diez de la mañana del 12 de Octubre, día de la Raza, por el mercedario Aurelio Lasso. Acto seguido dio inicio la corrida “Primera y Grandiosa de la Temporada”.

Juan Silveti, El Tigre de Guanajuato, mexicano, mano a mano con José Moreno, Morenito de Zaragoza y Andaluz.

Se lidiaron “6 corpulentos y bravísimos toros de Pedregal siendo todos de muerte”.. Ganado reservado expresamente para esta plaza”.

Silveti “derrochó su valor temerario y dominó el enemigo convirtiéndole en dócil y obediente”. Cortó oreja y rabo. Morenito de Zaragoza “lució un  toreo que agradó al público y colocó dos pares de banderillas con maestría”
Las cuadrillas excelentes, con las banderillas destacaron Maera y Leal. “El cuarteo de Maera es algo nuevo”, se dijo.
“La corrida inaugural fue un éxito. La ganadería Pedregal triunfó a lo grande. Y Don Pachito Chiriboga tuvo un detalle de los suyos, a solicitud el público, que copó la plaza, obsequió los dos toros de reserva para que los toreen Silveti y Morenito”.
“Hubo felicitaciones encendidas para Don Reinaldo Flores Galindo, propietario del flamante coso –ubicado en la calle Vargas entre Oriente y Caldas- los matadores dieron la vuelta al ruedo a petición del público, entre cerradas ovaciones, con el propietario de la Arenas de Quito y el excelente ganadero Dr. Chiriboga Bustamante”. “Fue una corrida extraordinaria e inolvidable”.

Recuerdo de la plaza Las Arenas

“Lo mas importante de la ganadería de mi padre fue impulsar la afición por los toros” dijo Renán Flores Jaramillo hijo de don Reinaldo Flores quien fue propietario de esa plaza.

Renán se inició en el periodismo en El Día, uno de los grandes diarios del país, escribiendo crónicas taurinas gracias al dueño del periódico “mi abuelo, don Ricardo Jaramillo”. Escritor, diplomático, Concejal de Quito y funcionario internacional de alto nivel en España resumió así la historia de la plaza:

“Mi padre, comerciante de éxito con numerosas representaciones europeas, vivió en Barcelona, conoció la plaza Las Arenas de esa ciudad y a pesar de la crisis económica mundial –finales de 1929- decidió construir la Arenas de Quito con planos del Arquitecto Durini. Para terminar la obra tuvo que vender un palacete que tenia por La Alameda, Calle Saa y Pazmiño. Lamentablemente, económicamente el esfuerzo de mi padre no fue igual al rendimiento”.

“Mi padre arrendó la plaza Belmonte a su propietario Don Abel Guarderas para no tener competencia.”

“En la Arenas se celebraron inicialmente dos hasta tres temporadas al año. Las ganaderías importantes eran Pedregal, Yanahurgo; Antisana y Cuchitingue. Un toro costaba 1000 sucres si tenía tres “cruces” y el precio bajaba si disminuían las “cruces”. La explanada o andanada de la Arenaa hizo afición, era para niños y empezó costando 20 centavos.”

Corridas de auténtico postín, la de La Prensa, de La Cruz Roja y otras conmocionaban la ciudad  con la participación de grandes figuras mexicanas como Lorenzo Garza, Silverio Pérez, Luís Procura, Antonio Velásquez, entre muchos otros.

 
 
 
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